Si tienes una hipoteca en Ecuador, ya pagas un seguro de vida aunque quizá nunca lo hayas contratado conscientemente. Se llama seguro de desgravamen, viene incluido en el crédito y es obligatorio.
Mucha gente lo da por suficiente: «si me pasa algo, la casa queda pagada». Y es cierto. El problema es lo que ocurre después, porque el desgravamen protege una cosa muy concreta —la deuda— y deja fuera todo lo demás.
En esta guía explicamos qué cubre exactamente, quién recibe el dinero, por qué la protección se encoge cada mes y en qué punto conviene complementarlo con un seguro de vida propio.
Qué es el desgravamen y por qué lo tienes sin haberlo elegido
El seguro de desgravamen cubre el saldo pendiente de una deuda si el titular fallece o queda en incapacidad permanente. En Ecuador es obligatorio en los créditos de vivienda otorgados por las entidades del sistema financiero, y también en los préstamos quirografarios del BIESS.
No lo eliges tú: viene con el crédito, lo contrata la entidad y su costo se te cobra como un porcentaje sobre el capital que aún debes. En el caso del BIESS, esa tasa se ubicó en el 0,72 % en diciembre de 2024.
En los créditos hipotecarios del BIESS la cobertura además contempla la incapacidad total y permanente y la enfermedad catastrófica del titular o del codeudor, y el inmueble lleva sus propias pólizas contra incendio y catástrofes naturales.
Qué cubre exactamente
La suma asegurada es el saldo que aún debes, no el valor de la casa ni el monto original del préstamo. El propio BIESS lo explica con un ejemplo claro: si el crédito era de 50 000 dólares y habías cancelado 10 000, la diferencia —40 000 dólares— queda pagada, y tu familia no hereda esa deuda.
Es una protección real y valiosa. Sin ella, una familia puede verse forzada a vender la vivienda en el peor momento posible para negociar. Conviene decirlo con claridad: el desgravamen hace bien su trabajo. Lo que hay que entender es cuál es ese trabajo.
El detalle que lo cambia todo: quién cobra
Aquí está el punto que casi nadie tiene presente. Cuando se activa el desgravamen, el dinero no llega a tu familia: llega a la entidad financiera. La aseguradora paga el saldo pendiente directamente al banco o al BIESS.
El resultado para los tuyos es una casa sin deuda. Que no es poco. Pero es un activo, no liquidez. Y una familia que acaba de perder a quien sostenía los ingresos no necesita primero un inmueble: necesita con qué pagar el mes siguiente.
Dicho de otro modo: el desgravamen resuelve el pasivo, no el ingreso. Para convertir esa casa en dinero habría que venderla o hipotecarla otra vez, que es exactamente lo que se quería evitar.
La cobertura que se encoge cada mes
Hay una segunda característica que conviene ver con calma. Como la suma asegurada es el saldo pendiente, la protección disminuye a medida que pagas.
Al inicio de una hipoteca a 20 años la cobertura es alta, porque debes casi todo. Al año quince ya has amortizado la mayor parte, y lo que el seguro cubriría es una fracción pequeña. La curva es descendente y no la controlas.
El problema es que las necesidades de tu familia no siguen esa misma curva. Los hijos no son más baratos en el año quince: suelen ser más caros, porque es cuando llegan la universidad o los estudios fuera. Justo cuando el desgravamen ya casi no cubre nada es cuando más falta haría un capital.
Cuatro cosas que el desgravamen no resuelve
- El ingreso del hogar. No entrega dinero para el gasto corriente: alimentación, servicios, arriendo si no es la vivienda propia, transporte.
- Las demás deudas. Cubre ese crédito y solo ese. Un préstamo de consumo, una tarjeta o una deuda de negocio siguen su curso, y en Ecuador esas deudas sí pasan a los herederos.
- La educación de los hijos. Es un gasto que se extiende años más allá del crédito y que nadie está cubriendo.
- Lo que pasa cuando termina el crédito. El desgravamen está atado al préstamo: cuando lo terminas de pagar, la cobertura desaparece. Y a esa altura tienes más edad, con lo que contratar un seguro nuevo sale más caro.
A esto se suma el montepío del IESS, que sí aporta un ingreso mensual a la viuda o viudo y a los hijos, pero se calcula como un porcentaje de la pensión del fallecido y está sujeto a requisitos de aportación.
Cómo se complementa con un seguro de vida propio
Un seguro de vida contratado por ti funciona con una lógica distinta en los tres puntos que importan:
- Tú eliges la suma. No la determina el saldo de un crédito, sino las obligaciones que quieres dejar resueltas.
- Tú eliges al beneficiario. El capital va a la persona que designas, no a una entidad financiera.
- La cobertura no se encoge. En un plan de suma fija, lo contratado hoy sigue siendo lo mismo dentro de quince años, aunque la hipoteca ya esté casi pagada.
Para este tipo de coberturas en Ecuador trabajamos, entre otras compañías, con BMI, que plantea tres enfoques según el objetivo:
- Protección temporal: la mayor suma asegurada por el menor costo, pensada justamente para los años en que hay hipoteca e hijos dependientes.
- Indexado al S&P 500: une la protección con una acumulación de valor ligada al comportamiento del índice.
- Con devolución de primas: si no se usa la cobertura, se recupera lo aportado según las condiciones del plan.
El detalle de cada uno está en la guía de seguro de vida BMI en Ecuador. Y como el país está dolarizado, la suma asegurada está en la misma moneda que tu hipoteca y tu sueldo: no hay desfase cambiario que distorsione la cuenta.
Qué revisar en tu caso
Tres cosas concretas, y las tres se pueden hacer esta semana:
- Mira tu saldo pendiente hoy. Esa cifra, y no el monto original, es lo que el desgravamen cubriría ahora mismo.
- Calcula el resto. Suma las otras deudas y los años de gasto familiar que quieras dejar cubiertos. La diferencia entre ese total y el saldo de la hipoteca es tu brecha real.
- Revisa quién figura como beneficiario en cualquier póliza que ya tengas, y actualízalo si cambió tu situación familiar.
Preguntas frecuentes
¿Quieres saber qué le falta a tu cobertura actual?
En Milenium Brokers revisamos contigo qué cubre ya tu desgravamen y qué brecha queda por resolver. Sin costo y sin compromiso.